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El Tiempo

Detrás del tiempo se esconde más que la mera medida de duración o separación de acontecimientos sujetos a cambio. Lo que sucede habitualmente es que se le asigna al tiempo el concepto de magnitud -según Wikipedia- que permite ordenar los sucesos en secuencias, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. En cambio, no se suele prestar atención a que existen dos dimensiones para analizar este parámetro: una horizontal y otra vertical.
La dimensión horizontal a su vez también posee dos aspectos, uno práctico y el otro psicológico. Con el primero nos organizarnos para planificar, reunirnos o establecer medidas que comparamos estableciendo registros y marcas. Así, las agendas electrónicas o las competencias atléticas son ejemplos donde el cronómetro es un indicador de regularidad o competividad. El segundo aspecto es de carácter psicológico e indica estados del pensamiento. A este tiempo lo llamamos esencialmente pasado, presente y futuro.

Una de estas denominaciones se encuentra bajo un sinnúmero de registros para acontecimientos que nuestra mente mantiene como vigentes o vivos. Son hechos o interpretaciones históricas y los envolvemos en un mismo título: pasado. También  solemos tener imágenes proyectadas sobre posibles hechos aún no ocurridos a los que denominamos: futuro. Al igual que ocurre con el pasado, lo curioso es que con el futuro, si bien este aún no ha ocurrido, podemos experimentarlo como si ya estuviese ocurriendo. Diversas sensaciones nos dan prueba de ello. Sentimos angustia cuando algo malo está por ocurrir. Ansiedad frente a noticias que están por salir pero que desconocemos, etc. Por último se encuentra el presente, que es sin dudas el tiempo real. En resumen a la conjunción de los aspectos relatados, es decir, el práctico y el psicológico se lo denomina Chronos.

Sin embargo esta descripción horizontal del tiempo requiere complementarse con quién la atraviesa. Es la dimensión vertical. Denominamos así a la profundidad del tiempo real o presente y se la llama: Kairos.Lo expresado resulta instructivo y hasta revelador pero, aunque simple en la concepción, su práctica puede dificultarse. Para adueñarse del tiempo real es preciso mucha atención.
Cuando nos abrimos a esta comprensión podemos entender que todo acontecimiento ocurrido en lo que denominamos pasado, sucedió efectivamente, en un presente. Y del mismo modo todo hecho futuro acontecerá en un presente que desconocemos. Esta simple explicación puede ayudarnos a comprender más sobre la importancia del tiempo “presente”. Entender acerca de cómo nos hacemos dependientes del resto de las formas psicológicas del tiempo, es decir el pasado o el futuro y, cual es la importancia de la atención consciente contiene enorme valor.

¿Cuál es la ventaja de este estado de conciencia?

Muchas personas que han atravesado experiencias difíciles, mantienen recuerdos de hechos o circunstancias que, si bien no existen más, son actualizadas por la mente a través del proceso de pensamiento. El recuerdo de la experiencia trae al presente, no solo el pensamiento, sino también la emoción vivida en aquel momento. El resultado es un impacto en el desempeño y la conducta de las personas en el tiempo presente con emociones que provienen de otros entornos. Algunas de esas emociones son dañinas y afectan las relaciones y el trabajo. Son heridas abiertas que necesitan sanarse. Algunas de ellas producen deformaciones de la realidad que de modo general denominamos, percepciones distorsionadas.

Cuando la permanencia en este pasado es excesiva corremos el riesgo de los llamados procesos depresivos con sus abanicos de complicaciones.

Algo semejante ocurre respecto del futuro donde proyectamos nuestras expectativas, allí es aún más difícil de visualizar pues el mundo moderno nos incentiva de manera constante para realizarnos precisamente en ese “espacio”. Es así que surge la ansiedad por alcanzar o lograr las metas u objetivos que proyectamos. Confundimos la planificación de acciones, que sería un acto práctico, con el encuentro de nuestra realización como persona a partir de lo que somos capaces de obtener o lograr. Quedamos identificados con el logro de metas. Hacemos depender nuestra “felicidad” de la realización de objetivos en “ese” futuro. De este modo desperdiciamos el presente y abandonamos la experiencia profunda del Kairos. En esta dimensión subyace el potencial más relevante de nuestra condición humana, aplicarlo, es multiplicar valor en el Capital Humano.


 
   
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